Esa lágrima que cae por tu mejilla cuando lloras de alegría
y termina en la comisura de tu boca,
donde acaban las buenas intenciones.
Ahí,
justo ahí
donde quiero que se pierdan todos los besos que te debo
y que ellos solos encuentren la X
que marqué en algún lugar de tu espalda
la última vez que me crucé contigo.
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