No consigo olvidar esa curva perfecta que formaba tu columna al tumbarte en mi cama en la que pisaba a fondo el acelerador cual kamikaze y sé que aún, todavía mis huellas dactilares siguen marcadas en cada una de tus vértebras... ¿Sabes? Cada vez que me hablan de ti me arden las manos; es su peculiar forma de gritarme que te están echando de menos.