miércoles, 27 de febrero de 2019

Efímero y eterno a la vez.


Las pocas mariposas que me quedan en el estómago
si escuchan tu nombre
vomitan arcoiris todavía;
siguen mareadas de tanto vaivén.

Ellas, supervivientes de esta primera guerra que se libró 
por tanto tiempo 
en mi ser,
entre mis sentimientos y pensamientos,
en las que las del primer bando llevaban la primera letra de tu nombre por bandera
y las del segundo, la primera del mío,
aun exhaustas
y cansadas de echarte de menos
piden tregua,
perdón
y sobre todo
que deje de buscarte en la que era tu calle
que aunque mis pasos me lleven hasta tu puerta
ya no vives ahí...

Me suplican a gritos, ambas, 
que deje de querer lo que no se puede tener

que no por llamarte a voces, 
en silencio
va a volver a entrar tu perfume por la ventana

que no por llamarte 
a voces,
en silencio
van a tocar la puerta
y vas a ser tú.

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